Viviendo de Ilusiones Económicas

Posted on noviembre 3, 2015

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“El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión de conocimiento” Stephen Hawking

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Ignorante es una palabra por la que la mayoría de la gente siente aversión. Sin embargo, todo verdadero conocimiento parte de la ignorancia. La ignorancia implica un vacío y, dependiendo de tu curiosidad, este vacío puede ser llenado de distintas maneras. Una manera de llenar el vacío es a través de conocimiento. El problema del conocimiento es que muchas veces genera más dudas. Muchas hipótesis se forman en tu cabeza y a muchas de estas hipótesis sólo podrás asignar cierta confianza, si tienes suerte. Además el conocimiento usualmente requiere una dosis de esfuerzo. Existe otra manera en la que puedes llenar el vacío: la ilusión. El iluso es una persona que ha llenado su vacío con teorías falseables. El problema del iluso es que su manera de pensar difícilmente cambia. Es decir, tiene menos oportunidad de alcanzar un mayor conocimiento porque primero debe generar un vacío y aceptar un error. En la Venezuela actual una de las ciencias que ha generado más ilusos es la economía.

El venezolano desde tiempos de Pérez Jiménez ha aceptado políticas de largo plazo en el control de precios. La teoría económica te dice que esto es una mala idea por distintas razones. Primero, los precios funcionan como mecanismo de información. Parafraseando un famoso artículo del economista Frederich Bastiat, si hay una mala cosecha de maíz, el maíz se hace más escaso y, por ende, más caro. Un mayor precio del maíz hace que el precio de la harina de maíz aumente. Los consumidores disminuirán su consumo de harina porque será mas escasa (ya que hay menos maíz). Noten que los consumidores no tienen que saber nada sobre la cosecha de maíz para tomar su decisión. No tienen que ir a hacer una cola frente a Mercal y perder su tiempo para saber que hay menos harina. Es decir, hay una transferencia de información a través del precio. Segundo, los controles de precios generan escasez a nivel de calidad y/o cantidad. La intuición es que bajos precios generan que el consumidor demande más de ese producto, pero el productor no tiene incentivos de satisfacer esta demanda. Keynesianos, austríacos y neoclásicos están de acuedo en esto (al menos a nivel de bienes). Desde el punto de vista empírico, prácticamente todos los ejemplos de control de precios han terminado en escasez y falta de inversión en las industrias controladas. Fracasos, por cierto, independientes del sistema político (hasta los intentos en EEUU han tenido malas consecuencias). No obstante, no importa cuantas veces estas políticas fracasen la ilusión que los controles de precios son buenos se mantiene ahí.

Es parte del argot venezolano llamar ladrón a un comerciante que vende algo “demasiado” caro. Este argumento tiene dos ilusiones. La primera ilusión es que una persona por sí misma puede saber el valor objetivo de algo y, por lo tanto, asignar un precio. Vamos a intentar hacer ese ejercicio. Vamos a suponer que el valor de algo es su costo de producción (una generalización del clásico supuesto marxista que dice que el valor son las horas de trabajo). Si eso es así, una empresa a la que le cuesta el doble hacer un artículo genera más valor que una que la produce más barato. Es decir, mientras más ineficiente más valioso. Por otro lado, ¿cuánto vale un recurso natural? El costo que toma extraerlo (que puede ser casi nada). En la práctica sabemos que el valor de los recursos naturales es mucho mayor que su simple costo de producción. Esto se debe a la escasez del recurso. Por último, esta teoría no puede explicar los cambios en los precios causados por modas, cambios en los gustos, etc. El precio lo determina la estructura del mercado (tipo de competencia), la oferta (costos) y la demanda. Para ponerlo más simple, el valor de algo es el precio al que los consumidores están dispuestos a comprar y los productores a vender. La ilusión es creer que sólo el costo determina lo que vale algo.

Segundo, la visión coercitiva de la actividad económica. Pocos venezolanos entienden la importancia de la voluntariedad en las relaciones de intercambio. Para que exista un fraude o robo se necesita un engaño o una acción coercitiva. Los venezolanos se olvidan que si algo está de verdad muy caro pueden decidir no comprar. Adicionalmente, un precio caro implica una oportunidad de entrar en ese mercado y extraer parte de esas ganancias. El gobierno debe facilitar la entrada a esos nuevos participantes. Una parte fundamental de esta estrategia es la protección de la propiedad privada del empresario. Precisamente, para evitar un verdadero robo de parte de los consumidores al empresario (al quitarle sus bienes a un precio al que no quiere vender). La amenaza de robo genera que los potenciales participantes no quieran entrar en estos mercados. Por lo que provoca precios más altos y/o escasez. No obstante, la ilusión es que la acción coercitiva va a tener buenas consecuencias.

Otra grave ilusión es pensar que no se necesita conocimiento, ni experiencia para la implementación de buenas políticas económicas. Esta ilusión parece ser particular a la economía y, probablemente, a otras ciencias sociales. Voy a ilustrar el peligro de este pensamiento con un ejemplo. Yo, así como cualquiera, soy ignorante en muchas cosas. En unas más que en otras. En especial, soy ignorante en el área de la medicina. Una vez me fracturé la mano. Pude haber intentado curarme con lo que consiguiera en Internet. También pude haber ido a la oficina de algún militar, con ningún tipo de conocimiento en el área y que aprende a través del ensayo y error. Este personaje no tiene tolerancia por las explicaciones convencionales sobre como curar una fractura. No porque tenga argumentos lógicos en su contra. Sino porque cree que forman parte de una teoría conspirativa que busca destruir a ese pueblo al que el trata. Cualquiera me hubiera considerado loco si hubiera ido a su consultorio. No obstante, decidimos poner en el Ministerio de Finanzas a alguien que no tiene ningún de tipo de conocimiento formal en economía y finanzas, pero que tiene algunos intentos fallidos en uno que otro banco del Estado. La ilusión es que se puede aprender algo tan complejo como es hacer buena política económica de un panfleto de algún partido comunista.

Mucha gente piensa que la ignorancia es mala. No obstante, a estas alturas, para el gobierno venezolano la ignorancia en materia económica sería un lujo. Por lo menos generaría dudas que podrían originar un cambio.

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