Es la Economía, Estúpido!

Posted on junio 29, 2015

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Ella sabe más de economía que la revolución

Por Homer

“It’s the economy  stupid”.

Con esta famosa frase Bill Clinton derrotó  a George H.W. Bush y se convirtió en Presidente de los Estados Unidos de América. Fue un gran resultado, tomando en cuenta que Bush era Presidente y  buscaba su reelección como candidato del Partido Republicano, partido que además había ganado las tres últimas elecciones presidenciales. Clinton era gobernador de Arkansas, Bush tenía una famosa maquinaria electoral a nivel nacional. Bush había servido en la Armada durante la Segunda Guerra Mundial, Clinton había evadido la recluta para la Guerra de Vietnam.

Como investigador me cuesta reducir la victoria de Clinton a sólo un par de cosas. Sin embargo, quiero resaltar la filosofía detrás de su campaña electoral, ya que la considero muy relevante para lo que deberíamos esperar de una campaña de oposición en Venezuela.  Clinton logró posicionar cambio y economía como sus principales banderas y así lograr una victoria electoral.

En Venezuela, la oposición parece haber dado en el clavo con el tema del cambio pero, a mi manera de ver, no ha logrado posicionar la idea que, en economía, ella puede generar una mejor propuesta que el chavismo. Más importante la oposición parece carecer de un discurso ordenado que explique cuáles son las principales fallas del sistema actual.  Hay tres problemas claves que empeoraron con el gobierno de Chávez y continuaron con el gobierno de Maduro: la escasez de productos, el alza sostenida de precios y la caída de los salarios en términos de poder adquisitivo.

El  chavismo ha fomentado siempre la falta de competencia en Venezuela. Para nadie es un secreto que el gobierno venezolano ha estatizado y amenazado con estatizar muchas empresas nacionales. Incluso, actualmente, continúa amenazando a las empresas más importantes del país. Al gobierno establecer el control de cambio, se convirtió en un elemento clave del destino de todas las empresas en el país. El resultado es que hayan pocas empresas y las pocas que hay realmente no compiten entre sí.

Esto, de por sí, no suena mal, hasta que consideramos un ejercicio básico de estrategia. Imaginémonos que uno de nosotros está vendiendo una empanada y es el único empanadero autorizado por el gobierno o el único que puede conseguir los insumos para hacer una empanada. Obviamente esta persona va a cobrar lo más que pueda. Va a querer sacarle todo el jugo a esa empanada. Algunos lectores moralistas se recordarán de la madre de los empresarios que “venden caro” y argumentarán que harían algo diferente. Ahora, yo les digo, si en verdad son tan diferentes cuando fue la última vez que negociaron un salario a la baja, cuando fue la última vez que vendieron un carro al mismo precio al que lo compraron o cuando rechazaron la oferta más alta a la hora de vender cualquier otro producto. No se sientan mal si tomaron estas decisiones, PDVSA también vende el petróleo al precio más alto posible. Por cierto, quejándose cuando nuevos competidores entran al mercado y provocan una caída los precios.

Imaginemos ahora que cualquiera de nosotros puede producir empanadas y venderlas a su alrededor. Cuando esto ocurre el consumidor de empanadas tiene la libertad de elegir. Por lo tanto, el vendedor, puede adoptar dos estrategias. Puede o producir empanadas de mejor calidad que ameriten un mayor precio o simplemente tendrá que ofrecer un mejor precio que sus competidores. Eureka! Cuando tenemos productores que compiten vamos a producir más, a mejor calidad y a precios más baratos.

De igual manera, tener empresas privadas que no gocen de un libre mercado real no soluciona el problema. Los controles de precios no son la solución pues hacen que las empresas privadas quiebren o decidan mantenerse fuera del sector. Es decir, disminuyen la oferta total de bienes. He aquí la ironía fundamental del gobierno venezolano que culpa a los empresarios de los aumentos de precios. Si controlan el precio al que puedes vender la empanada, simplemente dejas de vender empanadas o surgirá un mercado negro de empanadas. Ambas alternativas conllevan una disminución de la oferta de empanadas en el país. La salida de competidores por razones obvias y los mercados ilegales porque añaden costos de evasión y riesgos a la inversión.

Por otro lado, el gobierno central domina, de facto, al Banco Central de Venezuela. El gobierno presiona al Banco Central para que haya una mayor oferta de bolívares en la economía y así poder gastar más. Sin embargo, no permite un aumento en la disponibilidad de bienes, sea por falta de divisas para la importación, por acorralamiento directo del sector privado o por simple ineficiencia en la provisión directa de bienes a través de empresas estatizadas por el gobierno central. Es decir, hay más dinero pero menos bienes. Esto incrementa la disposición de pago por cada litro de leche, carro, pechuga de pollo, etc. lo que colabora a su vez con el aumento sostenido de precios, es decir, se produce inflación.

Los controles siempre generaran incentivos a establecer una economía donde el mercado negro y la corrupción sean fuentes de empleo. Es por esto que, buena parte de los venezolanos, se dedican a repartirse riqueza ya creada por otros o extraída del suelo. Lo triste es que pocos venezolanos se dedican realmente a crear mayor riqueza. Muchos se dedican a actividades de las que se aprende poco y que van a ser temporales. Esto genera dos problemas importantes. El primero es que la productividad de cada venezolano ha ido disminuyendo a lo largo de este período, lo que implica peores salarios reales y menor competitividad internacional. Segundo, hay más fricciones que hacen que nuestro empleo formal disminuya. Los empleos formales tienden a ser más productivos porque facilitan la interacción a través de contratos, facilitan la recaudación de impuestos y fomentan el aprendizaje de los trabajadores.

Creo que para mejorar la economía venezolana los que hacemos oposición al gobierno debemos ofrecerle un rol clave a la industria privada en el país. Las empresas deben gozar de la libertad necesaria para competir y producir. Esto pasa por acabar con la idea de que los precios deben ser determinados por un gobierno central. A su vez, debemos proponer un sistema cambiario que permita que cada venezolano pueda adquirir dólares libremente. Facilitar al sector informal su formalización, facilitar la creación de empresas y empleos. Finalmente, debemos traspasar nuestras habilidades para la evasión de controles a la construcción de un mejor país.

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Posted in: Economía