El Rostro de la Desesperanza

Posted on febrero 3, 2014

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Por Coca,

Happy, happy, joy, joy…

Estimado lector, escribo la presente nota con la intención de descargar ante una creciente desesperanza que vivimos los venezolanos. Si alguna vez llegó a conocer alguno en estos últimos quince años, seguramente asentará con la cabeza cuando digo que los venezolanos estábamos obsesionados con los sucesos día a día de nuestro país. Vivimos al menos tres lustros movidos por una obsesión con lo político que agota hasta el más interesado de los amigos.

Como pueblo puede que nuestra obsesión sea un complejo de superioridad producto de ser “la cuna de los Libertadores”, de la “sangre caribe” que se empeña en centrar en ese rincón olvidado del mundo la atención de los más altos imperios, del petróleo y la bonanza que nos permite una actitud prepotente, o de la majestuosidad con la que Hugo Chávez se desenvolvía y atraía la atención de todos.

Para un venezolano lo que sucediese en Venezuela tenía que ser de la completa atención del mundo. Sin duda alguna, muchos todavía sienten, que lo vivido en Venezuela es tan revolucionario e importante para la historia de la humanidad como lo fuese en su momento la fundación de los Estados Unidos o la Unión Soviética. Sin embargo, esta creencia parte de una fantasía; y poco a poco, vamos los venezolanos, como enamorados no correspondidos, despertando de la ilusión. Vamos agotándonos de la revolución y su discurso. Vamos agotándonos de aquel que llamásemos nuestro propio país.

La más reciente baja que vivimos fue la de Francisco Toro. Francisco Toro llevaba doce años escribiendo prácticamente todos los días sobre Venezuela y este pasado 2 de febrero, simplemente se cansó. para entonces, su blog, Caracas Chronicles, se había convertido en una referencia necesaria tanto para los venezolanos dentro y fuera del país como para periodistas internacionales o simples interesados en la política y Venezuela.

Quico, como le llaman sus allegados, fue víctima de la desesperanza que el chavismo tanto ha tratado de sembrar en los venezolanos. Aquel momento en que nos sentamos y tras horas de meditar pensamos “saben qué? Quédense con esa…”.

Resulta irónico que sea la ausencia de Chávez la que lleve a una persona como Quico darle la victoria máxima a la revolución. Aun así, se entiende. Es la ausencia del mago la que permite darnos cuenta por que llevamos tantos años peleando. Chávez dejó atrás un territorio en ruina; ruina moral y económica. Es hoy Venezuela un territorio desolador, donde un grupo de personas con pocas cosas en común coexisten. No se respira “patria”, se respira un clima de miseria ciudadana y espiritual. No puede ni llamarse siquiera país.

En Venezuela no existen, hoy en día, lazos que conecten a sus habitantes, ni ideales por los cuales luchar. No existe el más mínimo marco legal o norma de convivencia que se respete. Viven, los venezolanos que se quedan, un estado de atrofia haciendo colas por lo más básico. Y, los que se van, pierden hasta la nostalgia del que emigra. No quieren volver o saber de ella. Es Venezuela un mal recuerdo, una relación trágica que se quiere dejar atrás.  Que nos queda pues si no es olvidarla.

Puede que algún día sea esa desolación la que nos haga darnos cuenta, como lo hace un desamor, de que es tiempo de reconstruir. Puede que nos lleve a reinventarnos, como puede que esa sea la única forma de que podamos volver a tener un país. Si es así, bienvenida sea la desesperanza, pues será esta la que termine de acabar con el sueño y nos enseñe que debemos trabajar para sobrevivir y vivir modestamente bien.

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Posted in: Sociedad