Consideraciones políticas sobre Chile

Posted on julio 12, 2013

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“No creo que fuese escritora si me hubiese quedado en Chile, estaría atrapada en un trabajo rutinario, en la familia, en la persona que todos esperasen que fuese”

Isabel Allende

Por Coca,

El 17 de noviembre del presente año se realizarán elecciones en Chile. Para aquellos lectores interesados en el acontecer diario de nuestro subcontinente, debe resultar interesante analizar los sucesos de dicho país.

Me tomo la libertad de escribir sobre Chile pues es el otro país de la Patria Grande, con la cual he tenido más contacto. Tengo dos muy buenos amigos chilenos, ambos entendidos de la política, con los que mantengo contacto y me han ayudado a aprehender su realidad. Ahora bien, no con esto trato de pasar como un experto en la materia, ni nada por el estilo, so bare with me, y dejen sus opiniones.

Chile es considerado, y con razones de sobra, el país más desarrollado en nuestro continente. Posee una democracia estable y una economía de mercado fuerte con instituciones financieras estables, pero todavía sumamente dependiente de la venta de materia prima. Es en el fondo lo que todas nuestras demás naciones quisieran ser y nos mata de la envidia de cómo un país “como Chile” lo alcanzó mientras uno no puede. Sin embargo, Chile, como todos los países Latinoamericanos, tiene sus pequeños twicks que producen ruido y validan la necesidad de hacerle seguimiento.

El primer asunto de Chile que llama la atención es la poca movilidad social que posee. Heredó de sus tiempos de la colonia una sociedad rígida que impide prácticamente que una persona criada en el barrio La Pintana de Santiago alcance los mismos logros que otra criada en Las Condes, también en la misma ciudad. Ni hablar si se trata de los Mapuches. Uno bien podría decir que esta realidad es común en todos lados, sin embargo en una sociedad tan conservadora como la chilena, la cuestión se convierte en un estigma muy difícil de superar. Me atrevería a afirmar que no debe ser bien visto ni siquiera.

Siendo venezolano creo que la incapacidad de una sociedad de superar las diferencias sociales es, sin ninguna duda, un polvorín peligroso para cualquier democracia.

La segunda realidad chilena que choca, por lo arraígada que es a sus ciudadanos, es la tensa calma en la que viven la izquierda y la derecha. Viven esta tensa calma consecuencia de los años de el gobierno socialista de Salvador Allende y la dictadura de Augusto Pinochet. Las tragedias vividas durante esos años están presentes en la memoria de cada familia chilena. Odios y rencores no han sido subsanados en ya casi veinticinco años de democracia.

Otro problema que presenta, es la poca participación política de sus jóvenes. Aquí también juega un papel importante mi percepción, consecuencia de haber sido criado en un país altamente politizado. Una baja participación no es sana. La realidad es que la baja participación es peligrosa, aparenta tratarse de una sociedad atrofiada pero la realidad es que se trata de una sociedad desmotivada.

Esto me lleva a mi último punto, común a la mayoría de nuestros países, la reelección presidencial. La verdad es que ante este punto tengo posiciones encontradas. Antiguamente, en lo personal, era defensor de la reelección inmediata prohibiendo la reelección indefinida. Sin embargo, con los años me he dado cuenta el grave daño que le hace esta facilidad a un país.

La reelección produce una mayor cantidad de males que bienes. El típico argumento que se tiene a favor de la reelección inmediata es que permite una continuidad en las políticas por parte de los gobiernos. Aun así, acostumbra una clase política a permanecer en el Poder y buscar perpetuarse, como sucedió en Venezuela. Otro problema nato a las reelecciones son que atrofia a una generación que no ve oportunidad de ascender ni en la Administración Pública ni en la Política. Esto se acentúa con la posibilidad de una reelección no inmediata, permitiendo que los proto-caudillos de nuestras latitudes se sienten a planear su vuelta al Poder.

El modelo Mexicano, que impide absolutamente la reelección resulta más apropiado para nuestros pueblos. Permite la alternabilidad en el Poder y acaba con ese problema consecuencia del clientelismo político que es la borrosa línea entre Estado y Gobierno.

Para un observador internacional, Latinoamérica resulta ser siempre un enigma. Cuando las cosas empiezan a estar bien y comienzan a perderse esos miedos a su estabilidad, explota y se revoluciona sacando a relucir problemas básicos que no eran tomados en cuenta por ser considerados poco importantes. Bien pues, Chile no escapa a esta realidad y noto con preocupación que su política se ha aburguesado, discutiendo temas cotidianos pero no políticos. Si el país no logra enfrentar en los próximos años se vera sumergido en ese revoltillo típico nuestros países, como sucedió recientemente en Brasil y que trataremos en otro Post.

Quien sea electo el próximo 17 de noviembre (Bachelet o Longueira) tendrá que enfrentar esta realidad. Aun así, por su perfil dudo que esto suceda en los próximos años, una de ellos ya fue una vez Presidente.

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