El origen del crimen en Venezuela

Posted on enero 26, 2011

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Por Homer

En Venezuela pareciera que un día salimos a robarnos y matarnos por algún motivo esquivo para muchos. Algunos creen esa historia épica revelada por nosotros en Los Miserables, donde el pobre roba por una pieza de pan. Sin embargo, cuando analizamos los hechos, según los estudios hechos por el profesor Briceño León en el LACSO, el ingreso parece explicar poco la violencia o el crimen. De hecho, en países con niveles de ingreso similares este fenómeno no ocurre en el mismo grado. Otras personas creen en el crimen como un fenómeno meramente cultural. Es decir, el venezolano pareciera ser ladrón y asesino casi por genética. Yo, por el contrario, intentaré un argumento mucho más simple.

Al igual que Gary Becker, premio Nobel de economía, voy a suponer que los criminales no siguen incentivos muy distintos al resto. Es decir, todo criminal quiere cumplir su objetivo con el menor riesgo posible. En otras palabras, el criminal venezolano, al igual que cualquier criminal en el resto del mundo, toma en consideración dos elementos sumamente importantes para medir su riesgo: la probabilidad de ser capturado y la pena de cometer el crimen. Es aquí donde el crimen en Venezuela resulta, para nuestra desgracia por cierto, algo totalmente predecible y lógico.

Sobre las probabilidades de ser capturado no es un secreto que la mayoría de los crímenes en Venezuela terminan impunes. Si bien las cifras oficiales sobre crímenes no son publicadas por meras razones propagandísticas o de ineficiencia en la recolección de datos por parte del gobierno, algunos estudios indirectos muestran la impunidad prevaleciente. Para 2004, según los estudios para la paz y defensa de derechos humanos en la UCV, 93% de los asesinatos no conllevaban alguna condena. Por su parte, esta cifra no parece haber mejorado en los años recientes. En Venezuela la gente siente miedo de denunciar los crímenes, los tribunales funcionan a paso de tortuga y se encuentran sujetos a una corrupción increíble. Todo esto además con el agravante que genera los incentivos a que las mismas personas tomen la justicia por sus propias manos, lo que genera aún más violencia.

En lo que respecta a las penas, la mayor consecuencia formal de un crimen es ir a la cárcel por 30 años y la mayoría de los casos jamás se aplica. Entonces las consecuencias de cometer un crimen son ciertamente bajas. Por su parte, el descontrol dentro de las cárceles permite a algunos criminales mantener la gerencia de algunas bandas en Venezuela por lo que la solución es poco efectiva.

Por lo tanto, por mucho que intentemos culpar a la cultura, la genética o a la pobreza la realidad es que el sistema tal como está planteado ha permitido que el crimen sea una actividad lucrativa y menos riesgosa de lo que debería ser. Mientras el sistema planteado se caracterice por impunidad y bajas penas será casi imposible contener el crimen. Una propuesta seria para detener el crimen debería contemplar mecanismos que vayan mucho más allá del reforzamiento policial. Se necesita una reforma completa del sistema judicial para hacerlo más efectivo, lo que incluye la modificación de algunas leyes que entorpecen de forma innecesaria la acción por parte de las fuerzas del Estado. Además, penas más severas, en conjunto con un mejor manejo carcelario, podrían disuadir a muchos de dejar el camino del crimen. Esperemos que el futuro próximo estas políticas sean, al menos, contempladas.

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Posted in: Sociedad