Federalismo, Centralismo, Comunas y Soviets

Posted on agosto 20, 2010

0


Por Coca

En política existen debates eternos sobre las formas de gobierno y la organización que Estado debería tener. Estos debates se encuentran tan arraigados en las percepciones políticas que dividen a la humanidad a puntos irreconciliables.

A los científicos políticos se nos enseña que no existe tal cosa como lo bueno y lo malo en las formas e ideas políticas, simplemente son, cada una tiene sus características buenas y malas, cada una tiene sus ventajas y desventajas en su momento. Sin embargo, como animales políticos nuestra humanidad nos permite escoger e inclinarnos hacia una u otra forma o idea; la historia ha dado mil ejemplos de tales formas de organización, algunas han triunfado y tenido éxito en su evolución histórica asegurando mayor bienestar a las personas, mientras otras, bueno, no tanto.

Cuando se discute sobre si es mejor una organización Federal sobre una Centralista el debate se vuelve mas arduo, en especial en un país que se define así mismo como un “Estado federal descentralizado” pero cuya realidad no es tal. Históricamente Venezuela, por mil razones, ha sido un país Centralista. La inmensa cantidad de recursos de la renta petrolera que el Gobierno Central maneja en comparación con las localidades volviéndolas completamente dependientes de este; el orden, completamente necesario, que instauro Juan Vicente Gómez a principio del siglo XX; y, finalmente, la ambición desde el Poder que hace a cada gobernante pensarse completa y esencialmente necesario para el cambio y el desarrollo.

Sin embargo, dentro de la sociedad venezolana tenemos una sed federal, estamos conscientes de la superioridad del Federalismo como forma de organización política; de su causa mas justa y noble; y de la importancia que tendría para el desarrollo y la autodeterminación de cada región. Dejar de ser un país que gira en torno a Caracas, como los planetas alrededor de El Sol, es una meta no cumplida de nuestra historia que, además, en los últimos años se había avanzado en descentralizar pero desde el Gobierno Central se ha retrocedido. Tras once años de revolución, Venezuela se encuentra en frente del hemiciclo de este debate. Como toda buena revolución, la bolivariana, desordena y destruye lo existente para (con acento cubano) “destruir las estructuras de dominación y explotación burguesa”; o simplemente, como otros pensamos, para tener una mayor dominación sobre una sociedad que no logra encontrar una forma de organizarse para contrarrestar los abusos del Poder.

La Constitución de 1999 dejaba claro que entre las funciones del Gobierno Central estaba la descentralización del Poder, se buscaba de manera organizada desarrollar a las regiones brindándoles autonomía propia. Esto, implicaba que el Gobierno Central se debilitase y surgiesen en las regiones nuevos liderazgos. Ahora bien, en un proceso revolucionario personalista y un país con tradición presidencialista estaba más que claro que muchos se unirían al autobús presidencial para conseguir un apoyo que los llevase al Poder; sin embargo, muchos otros no lo harían y esto simplemente no convenía al proceso revolucionario. Por ende, el Gobierno Central se ha visto en la necesidad, en varias ocasiones, de desordenar nuestra realidad política tratando de construir lo que llaman el Socialismo del siglo XXI e impedir que sectores adversos al Presidente tuviesen mayor poder. Sin embargo, como si se tratase de un experimento social, el propio gobierno no sabe que pueda surgir de su invento, lo que puede resultar ventajoso para quienes tenemos en mente una sociedad distinta.

El más reciente experimento del Gobierno Central es el proyecto de Ley de las Comunas, una ley especial, enmarcada dentro el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, también conocido como el Primer Plan Socialista de La Nación. La Ley, como tal, propicia la reorganización político administrativa de Venezuela a través de la creación de una nueva figura, las comunas, que existiría paralela a la organización tradicional de municipios y estados, y tendría autonomía propia.

Las comunas, según la Ley, no tienen porque estar limitadas por los límites que dividen a municipios y estados; una comuna podría encontrarse entre dos municipios o dos estados perfectamente y, de esta forma, representar una unidad real de comunidades que compartan intereses, memoria histórica, rasgos culturales, usos y costumbres. Es decir, dentro del Estado se crearía un Estado paralelo que, en teoría, fuese más representativo que el mapa político actual de Venezuela que responde a una “creación artificial” desde el Poder Central; por ende, el Estado Comunal sería un verdadero Estado Federal. Esto sería cierto si no se considerase que dichos estado y municipios han venido evolucionando a lo largo de nuestra historia republicana, modificándose hasta sus figuras actuales hasta el punto que los habitantes se identifican con sus gobiernos locales. Avance que tiene su mayor impulso con el proceso de descentralización que se habían venido haciendo desde 1989.

Es entonces cuando uno se da cuenta que el fin de esta Ley es mucho más oscuro y peligroso; La ley de las Comunas es bastante explícita en su objetivo, el Estado Socialista. Se enmarca dentro del Plan Estratégico de la Nación, cuyos objetivos son bastante ambiguos pero sumamente ideológicos con una figura central, el Ejecutivo Nacional. De ahí tenemos que las Comunas propuestas no tengan real independencia y autonomía sino estén adscritas al Ministerio del Poder Popular para las Comunas que sería, finalmente, el ente encargado de suministrarle los recursos solicitados para las políticas locales que se planteasen. El Ministerio del Poder Popular para las Comunas, es el ente del gobierno encargado de aprobar si una Comuna es apta o no; podemos entonces concluir que esta nueva ley va en contra de los principios federales y de descentralización. Sin embargo, de eliminarse ese marco en el que se encuentra encerrada podría volver a dibujar un mapa político donde las localidades tuviesen Poder de decisión real en sus destinos.

La Ley de las Comunas promueve un Estado completamente centralizado en el Poder Ejecutivo, ni siquiera los Soviets de la Unión Soviética, con su estructura piramidal, era tan descarada la relación de Poder. La nueva Asamblea Nacional debe, si posee realmente un espíritu libertario, revisar esta y las demás leyes especiales que atentan contra los principios que el pueblo ansía para que sean modificadas y sirvan para la construcción de una sociedad donde se respeten los derechos de todos los venezolanos.

Nuestro deber ciudadano es hacérselo saber a los representantes que apoyemos, lo que sucede y debe hacerse, mientras que le hacemos seguimiento a su trabajo como contralores participes de la República.

Anuncios