La villanía del mercado contra la utopía del gobierno

Posted on agosto 17, 2010

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Por Homer

Mis ojos se pasean incrédulamente por un libro de microeconomía mientras leo por primera vez que ese mercado, del que todos los economistas hablamos, no es perfecto. Sí, ese  mercado en donde los intercambios se generan libremente entre personas y donde el estado se limita a hacer respetar los contratos tiene fallas. Primera, la ventaja en costos que proporciona el tamaño de una firma en algunas industrias como la electricidad, que les da un poder con el cual pueden influir sobre los precios. Segunda, que una de las personas tenga más información que la otra. Pensemos en la venta de un carro usado donde el vendedor sabe de algún golpe técnico del que no quiere que te enteres. Tercera, cuando producimos un costo social que no pagamos. Por ejemplo, cuando contaminamos y hacemos que los demás consuman un aire menos limpio. Por último, los bienes públicos. Bienes cuya provisión beneficia a todos sin que alguien pueda ser excluido. Todo el mundo quiere que otro lo provea para gozar de los beneficios sin pagar el precio. Por lo tanto, al nadie pagar por el bien, el mercado difícilmente lo provee. Éste es el caso de la seguridad nacional.

No obstante, la mayoría de los economistas reconocidos y exitosos creen en el libre mercado y abogan por una intervención gubernamental pequeña. ¿Cómo es posible? Bueno, la respuesta es simple. El gobierno también tiene fallas que en muchos casos provocarían que el remedio de acudir a él, sea más dañino que dejarle pasar sus fallas al libre mercado.

Entre estas fallas destaca el problema de acción colectiva. Algunos grupos de la sociedad son bastante homogéneos y pueden tener beneficios individuales muy altos de la aprobación de ciertas intervenciones o políticas. Esto hace que tengan los incentivos a buscar la aprobación de políticas que los favorezcan, aunque perjudiquen al resto. Un ejemplo es el caso de las medidas proteccionistas en contra del comercio internacional. Ilustraremos este caso con un ejemplo: supongamos que en Venezuela existiese una industria zapatera con 5 productores nacionales.  Si se permitiese la entrada libre a los productores colombianos, cada uno ganaría Bs. 200.000 menos al año. Al sumar las perdidas de todos los productores determinamos que  perderían Bs 1.000.000. Por su parte, los consumidores podrían comprar sus zapatos a Bs. 10 menos cada uno. De comprarse un millón de zapatos al año todos los consumidores se estarían ahorrando Bs. 10.000.000. Claramente, los beneficios del libre comercio más que compensan las pérdidas. No obstante, los consumidores no se van a preocupar de organizarse, reclamar y actuar por 10 bolívares al año. Los productores sí lo harán por Bs. 200.000 al año. La intervención en este caso favorece a un grupo pequeño en detrimento de la mayoría.

Otra falla del gobierno es que genera, la muy común en Venezuela, búsqueda de rentas. Muchos recursos (tiempo y dinero) se gastarán en apropiarse de los beneficios que el estado puede darnos, en vez de usarlos para generar valor. Sin duda la imagen de Cadivi viene a la mente.

La tercera falla a la que haré referencia tiene que ver mucho el problema del bien público. La buena intervención puede ser concebida como un bien público. Todos los ciudadanos quieren que el gobierno lo haga bien. No obstante, que sean otros los que se ocupen. Al final,  los que se ocupan son en su mayoría los que reciben más beneficios y, por ende, crecen los riesgos de caer en problemas de acción colectiva.

Por último, el gobierno tiene problemas de implementación. Una vez diseñada una intervención, su aplicación depende de una serie de personas que tienen menos incentivos a hacer las cosas bien que en el sector privado. El trabajo de estas personas no busca generar ganancias. Su salario o permanencia dentro de la institución muchas veces es independiente de su desempeño. Por ende, la mala implementación es frecuente.

En conclusión, el mercado es imperfecto. Sin embargo, la alternativa, el gobierno, presenta una serie de fallas que hacen que toda intervención tenga costos y que en muchos casos sean mayores que los que presenta el mercado no intervenido. No voy a decir que rechacemos toda intervención gubernamental en la economía. No obstante, sólo pido que seamos tan exigentes en juzgarlas como somos en juzgar al libre mercado.

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