Sálvenme a Caracas

Posted on marzo 22, 2010

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Por Coca

Caracas, capital de Venezuela, localizada al norte del país, un valle cuyos cerros donde está permitido construir fluctuan entre los 930 y 1000 m. sobre el nivel del mar; con una población entre los cinco a seis millones de habitantes a pepa de ojo. Con realidades tan distintas desde Propatria hasta Palo Verde; desde las Adjuntas hasta El Hatillo, pasando por El Cafetal. Es una ciudad que sus habitantes no dudamos en clasificar de caótica, sobrepoblada, completamente hundida en un estado de descomposición arquitectónico como social. Sumado a todo esto, vive un reino de terror producto de la reinante inseguridad.

Sin embargo, cuando caminamos por la Avenida Boyaca, conmumente conocida como “La Cota Mil” (parte de un proyecto urbanístico incompleto de una periferia para la ciudad) no se puede dejar de admirar su verdura y su inmenso potencial.  Caracas goza, al igual que el país que corona, de hermosas vistas de espacios donde los caraqueños apreciar toda su inmensidad, para reflexionar y encontrar esa paz que en sus calles es imposible encontrar; probablemente, no la merezcamos.

En lo personal, no puedo negar estar enamorado de mi ciudad y, como buen enamorado, la amo y la odio a la vez. La amo porqué cuando amanece puedo ver El Ávila a lo lejos desde mi cocina, aunque ultimamente la calina no me permitía; cuando voy a ese parque escondido donde la puedo ver de esquina a esquina o cuando tengo el placer de disfrutar de los espacios de mi amada UCV, donde se sintetizan las artes y puedo disfrutar “el silencio reflexivo de la multitud” como escribiese Laureano Márquez. Pero, la odio cuando me veo encerrado en una cola, en un vagón de metro sin aire, o cuando veo como cae la basura por el cerro frente Parque Central o ese drenaje frente a mi casa que hidrocriminal no arregla desde hace años.

Caracas se encuentra en constante creación; pero su belleza va de la mano a un caos producto de políticas mal llevadas y muchas veces nunca culminadas por mil razones. Muchos le echan la culpa a la corrupción de los políticos; a la falta de gobiernos serios que no dejen por la mitad lo que otro comenzó, a la estanflación o a la inflación. Sin embargo, realmente los causantes somos nosotros mismos.

Mientras escribo esto me he enterado de un terrible incendio que se esta comiendo la vegetación de El Ávila.

El caraqueño, en general y lamentablemente, no tiene una cultura de amor por su ciudad. Cuando noticias como esta del incendio nos llegan, o los intentos de incendiar el edificio del Rectorado de la UCV, nos duelen en el corazón, nos indignan, pero somos realmente permisivos. No podemos olvidar que alguien tuvo que iniciarlo, no podemos olvidar que quienes atacan la propiedad pública están entre nosotros; estos son ejemplos de nuestro propio comportamiento diario, cuando botamos la basura en el piso o no exigimos que los políticos mantengan la ciudad limpia o culminen los proyectos urbanísticos.

Ansió con furor ver a mi ciudad ser la capital moderna de Hispanoamérica, como lo fue en los 50 y 60. En cuyos cerros veamos avances, espacios de esparcimiento, parques y zonas verdes; donde los techos de zinc se eliminen por techos rojos como los de antaño; donde se frisen las paredes para que alimañas no encuentren criaderos que enfermen a nuestros niños; donde las autoridades resuelvan estos problemas, recojan la basura, acerquen los servicios públicos a los ciudadanos, poden el monte, en fin! que la vuelvan la joya que merece ser!

Pero para esto, no solo los políticos deben cambiar,debemos tomar conciencia ciudadana; el político venezolano es uno más de nosotros y si el no le da tanta importancia al mantenimiento de la ciudad es porque nosotros tampoco se la damos, todos tenemos que poner un poco de nuestra parte. Somos nosotros los que podemos hacer el cambio, embellecer a nuestra ciudad. La UCV ha tomado acciones en preservar su patrimonio últimamente que estaba bastante deteriorado, esto además fue acompañado de la acción cívica como lo es llamar a un referéndum para tomar medidas que aseguren que acciones como las del martes pasado no se repitan! Espero toda la ciudad pueda seguir este ejemplo…

Aunque no acostumbro a rezar, repito las palabras del escudo de Caracas, con el fin de que algo nos ayude a preservar nuestra ciudad y nuestra historia, Ave María Santísima Sin Pecado Concebida En El Primer Instante De Su Ser Natural.

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Posted in: Ciudad